PRINCIPIOS BÁSICOS DE UNA ENSEÑANZA POR COMPETENCIAS.
La pretensión central del dispositivo escolar no puede restringirse ya a la mera
transmisión de informaciones y de conocimientos sino que ha de provocar el desarrollo de las competencias básicas. La enseñanza ya no puede ser el fin del sistema
educativo sino un instrumento complejo y privilegiado para provocar aprendizaje;
por tanto, la enseñanza que no provoca aprendizaje de esas competencias no está
cumpliendo con su objetivo. El objetivo no es transmitir informaciones sino provocar aprendizajes de competencias.
El objetivo de los procesos de enseñanza no ha de ser que los alumnos aprendan
las disciplinas sino que reconstruyan sus modelos mentales. Las disciplinas serán
los instrumentos privilegiados para provocar aprendizaje relevante. Aprender
hechos, aprender conceptos, aprender procedimientos de una asignatura es un
medio para formar el pensamiento del alumno en ese ámbito, de modo que pueda
entender los problemas de la vida cotidiana. Si nuestro objetivo es la competencia,
cuando nos situamos ahora ante el aprendizaje de disciplinas, el objetivo no es que
aprenda la disciplina sino que la información que contiene la disciplina provoque la
reconstrucción del modelo mental que tiene el alumno con respecto al ámbito de
problemas que trabaja esa disciplina. Si aprende informaciones e incluso conceptos de esa disciplina para pasar un examen, pero eso no provoca la reconstrucción
de los modelos mentales, puede haber éxito académico pero evidentemente hay
fracaso educativo; hay fracaso personal y social. ¿Qué debemos conocer los docentes sobre las competencias básicas?
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Las competencias básicas en el currículo de la Educación Primaria 7
El provocar aprendizajes relevantes requiere implicar activamente al alumno en
procesos de búsqueda, estudio, experimentación, de reflexión, de aplicación y de
comunicación. El conocimiento no llega con la memorización de hechos aislados sino
con la capacidad de razonar. La capacidad de razonar es la que da utilidad a una
información para proyectarnos en la interpretación y en la acción.
La reflexión sobre la práctica y el desarrollo de los proyectos de trabajo son claves para que los conceptos, las informaciones empiecen a formar parte de los modelos mentales que utiliza cada sujeto cuando se enfrenta a los complejos problemas de la práctica. Hay un dicho popular que define claramente está idea:
Lo que se oye se olvida;
lo que se ve se recuerda;
lo que se hace se aprende.
El desarrollo de las competencias fundamentales requiere focalizar la acción docente en problemas reales en contextos reales, es decir, acercar la escuela a la
sociedad y que el currículo se nutra de los problemas actuales, de los contextos
reales pero utilizando instrumentos totalmente diferentes a los que utiliza la cultura de masas, la cultura de la televisión.
En el mundo global, acelerado, de la sociedad de la información en el que vivimos
es imprescindible el desarrollo de vivencias e intercambios que ayuden al alumno a
sobrevivir y convivir en la incertidumbre. Debemos educar en el cambio permanente. Es necesario que los alumnos aprendan a tomar decisiones desde el territorio
donde habita la duda y la incertidumbre, y que aprendan a aprender a tomar decisiones desde esta situación.
El centro escolar debe convertirse en el núcleo de una red de vivencias, de creación, de difusión de la cultura en la comunidad social. La escuela debe saturarse de
personajes, de contenidos, de actividades, de productos de la vida intelectual más
rica de la comunidad. En la escuela debe estar presente la innovación, siendo este
el clima más adecuado para el desarrollo de las competencias básicas.
La organización espacial y temporal de los contextos escolares ha de contemplar
la flexibilidad y la creatividad requerida por la naturaleza de las tareas auténticas
y por las exigencias de vinculación con el entorno social. Los horarios deben ser
flexibles y las aulas deben estar abiertas. La configuración del horario, del calendario y del espacio escolar deben estar al servicio del proyecto educativo y no a la
inversa. ¿Qué debemos conocer los docentes sobre las competencias básicas?
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El aprendizaje relevante requiere estimular la metacognición de cada alumno, su
capacidad para aprender y para gobernar su propio y singular proceso de aprender
a aprender y de aprender cómo aprender. Para ello debemos ir enseñándoles progresivamente a que ellos entiendan sus fortalezas y sus debilidades, dónde se estancan y donde no.
La cooperación entre iguales se convierte en la estrategia didáctica más privilegiada ya que tiene todo: estimula la duda, la argumentación, la deliberación compartida, el respeto, la escucha, la comunicación; y esta incluye el diálogo, el debate, la discrepancia, saber escuchar, enriquecerse con las prestaciones de los demás, tener generosidad suficiente para ofrecer lo mejor de sí mismo… Es, sin duda
alguna, la estrategia metodológica más importante de formación.
Hay que crear un clima de confianza, de cooperación, de interacciones humanas
respetuosas y un cuidado afectivo. La creación de un clima sin tensiones es la condición “sine qua non” de toda práctica pedagógica que pretenda ser eficaz y relevante. Si no existe ese clima habrá que cerrar los libros y crearlo ya que una vez
creado se avanzará en el aprendizaje de forma exponencial. Sin ese clima podrá
haber aprendizaje pero desde luego no relevante ni competencial. Que un alumno
sea capaz de desnudarse intelectualmente para reconstruir sus esquemas mentales, de exhibir sus errores ante los compañeros sin miedo al ridículo (clave para
poder experimentar, fallar, reconocer los errores y recomponerse) requiere un
clima de diálogo, de cariño, de afecto, de confianza…
La evaluación no puede ser el obstáculo para el desarrollo de todas estas tareas.
La evaluación educativa debe ser formativa y por tanto debe estar acompasada al
objetivo de intentar provocar el desarrollo en competencias. No tiene sentido la
evaluación como clasificación en la etapa educativa obligatoria ya que no queremos
seleccionar a los mejores estudiantes sino que queremos formar a los mejores
ciudadanos, a todos. La evaluación debe ir orientada a ayudar permanentemente a
que cada alumno conozca sus fortalezas y sus debilidades.